jueves, 4 de septiembre de 2014

SIN TI, NO ERES.

No creo en el destino. Y sonaré rotunda, lo sé, pero es que no creo en el destino.
Me prohíbo pensar que soy una simple marioneta, que soy un pequeño "Sim" rodeada de mentiras.
Creo en las divergencias y en mis elecciones. Porque soy capaz de pensar y sentir, no necesito más.
Cuando llegas al punto de estar a una esquina de tu sueño, cuando te faltan centímetros para tocar ese momento tan deseado, cuando consigues no despertar de ese instante de felicidad, agradeces a la suerte, al destino, no haberse ido con otra persona. En vez de empezar por ti mismo, por tu esfuerzo, tu voluntad, tu respeto por lo que quieres conseguir, tu intuición, tu valentía y, sobretodo, tus errores. Sin ti, nunca estarías donde estás. Sin ti, por más que tú alrededor te empujará al éxito, tú estarías parado, quieto, sin alma. Sin ti, no serías quien eres.
Cuando fallas pones excusas, responsabilizas al otro; pero no te equivoques, primero, mírate a ti mismo y cambia. Y cuando ganes, igual. Cree en ti mismo y deja salir eso que tienes dentro. Lucha por lo que quieres, no por lo que debes. Sé feliz, sé tú mismo.

Y sí, algo de suerte te encontrarás por el camino. Y también, unas cuantas manos en el hombro que te apoyen en muchos momentos. Pero primero… primero tienes que estar tú.


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