No creo en el destino. Y
sonaré rotunda, lo sé, pero es que no creo en el destino.
Me prohíbo pensar que soy
una simple marioneta, que soy un pequeño "Sim" rodeada de mentiras.
Creo en las divergencias
y en mis elecciones. Porque soy capaz de pensar y sentir, no necesito más.
Cuando llegas al punto de
estar a una esquina de tu sueño, cuando te faltan centímetros para tocar ese
momento tan deseado, cuando consigues no despertar de ese instante de
felicidad, agradeces a la suerte, al destino, no haberse ido con otra persona.
En vez de empezar por ti mismo, por tu esfuerzo, tu voluntad, tu respeto por lo
que quieres conseguir, tu intuición, tu valentía y, sobretodo, tus errores. Sin
ti, nunca estarías donde estás. Sin ti, por más que tú alrededor te empujará al
éxito, tú estarías parado, quieto, sin alma. Sin ti, no serías quien eres.
Cuando fallas pones
excusas, responsabilizas al otro; pero no te equivoques, primero, mírate a ti
mismo y cambia. Y cuando ganes, igual. Cree en ti mismo y deja salir eso que tienes
dentro. Lucha por lo que quieres, no por lo que debes. Sé feliz, sé tú mismo.
Y sí, algo de suerte te
encontrarás por el camino. Y también, unas cuantas manos en el hombro que te
apoyen en muchos momentos. Pero primero… primero tienes que estar tú.
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